Deshaciendo la maleta y recién aterrizados hacemos resumen de nuestro último viaje. Esta vez pusimos rumbo al archipiélago de las Azores, a la isla de Terceira. El vuelo duró unas tres horas que se pasaron volando. Desde la ventanilla descubrimos un verde intenso que nos daba la bienvenida y nos acompañaría durante todo nuestro viaje. Pies en tierra, descubrimos un clima agradable y ajustamos nuestros relojes, retrasándolos dos horas. Teníamos una semana por delante para conocer aquella isla relativamente pequeña, pero llena de rincones que merecería la pena descubrir.

La capital, Angra do heroísmo, fue el punto de partida en todas nuestras rutas. Declarada Patrimonio de la Humanidad, tiene el encanto de una ciudad colonial con sus calles adoquinadas. Colorida y tranquila. Es pequeña, puedes descubrirla en un día. Comenzamos nuestra visita en el punto más alto de la urbe, el monumento Ourteiro da Memoria, desde donde se pueden disfrutar de unas vistas panorámicas del centro sobre el fondo azul del mar. Descendimos por los jardines botánicos del Duque da Terceira que comienzan en la ladera del mirador hasta la altura de las calles de la ciudad. Un paseo muy agradable entre plantas autóctonas y especies exóticas. Llegamos a la Plaza Vieja, centro neurálgico, donde se sitúa el ayuntamiento.

La cruza la Rua da Sé, una de las vías principales llena de casas señoriales con tonos pastel. Comenzamos a callejear para descubrir el particular mercado central donde probamos algunas frutas de la zona.  Cerca nos esperaba el teatro, pequeño y coqueto, tapizado en un rojo terciopelo.  En el centro, imponente, la Catedral del Santo Salvador llamó nuestra atención por algunas de las obras que guardaba en su interior. Pinturas de escenas religiosas con un toque vanguardista que contrastan con la línea de la ciudad. Seguimos nuestra ruta bajando hacia el puerto por la Rua Direita que cuenta con numerosos restaurantes  además de la oficina de turismo. Al final de la misma encontramos la Iglesia de la Misericordia, frente al mar, llamativa por su color azul.

Embarcamos rumbo a Isla Do Cabras, dos islotes frente a la costa usados para el pasto del ganado antiguamente. Disfrutamos las vistas de la Fortaleza de Sao Sebastiao mientras nos alejábamos para comenzar  a notar una intensa brisa marina. Las olas nos mecían pero pudimos disfrutar del paisaje que nos regalaba el barco. Un relajante azul turquesa rompiendo sobre los islotes de tierra rojiza cubiertos por un intenso verde. Regresamos a tierra por mar abierto con la ilusión de ver cetáceos en libertad. Reservados, no quisieron saludarnos pero volvimos satisfechos por el agradable paseo e intenso olor a mar. Para terminar de conocer la ciudad, caminamos hasta la Fortaleza de San Juan Bautista, muy cerca del puerto. Se sitúa en el Monte do Brasil. Ascendimos hasta lo más alto. Por el camino nos acompañó un sol brillante. A un lado el mar, al otro una densa vegetación entre la que se dejaron ver algunos ciervos en libertad. Cansados llegamos a la cima donde cerramos la jornada. De nuevo, unas vistas panorámicas de Angra. Esta vez con un fondo verde que se perdía en el horizonte.

La mejor manera de moverse es en coche. Las tarifas de alquiler son económicas y ofrecen la libertad de recorrer la isla a tu ritmo. Nosotros alternamos excursiones guiadas, para no perdernos el valor añadido que aportan los guías locales, con descubrir a nuestro aire.

Conquistada la capital dedicamos los demás días a recorrer la isla. Una de las primeras rutas fue por la costa este. Seguimos a ritmo lento la carretera paralela al mar en dirección Praia da Victoria que nos regalaba instantáneas que merecían hacer una parada. Visitamos el pequeño pueblo de  Porto Judeu, Serretinha, el coqueto Sao Sebastiao,  la Baía da Salga y Porto Martins. En esta última parada nos divertimos con el romper de las olas sobre la zona sus piscinas naturales. Después de una cerveza fría acompañada por los rayos del sol llegamos a Praia da victoria. Es la segunda ciudad más grande de Terceira. Su centro es pequeño y se desarrolla en torno a una calle comercial peatonal, la plaza del ayuntamiento y la iglesia de Santa Cruz. A pocos pasos llegamos a su puerto deportivo con numerosas terrazas frente a una playa de arena dorada. Una de las pocas que encontramos en la isla. Subimos al mirador del Sagrado Corazón de María para disfrutar de una panorámica de la ciudad antes de regresar. De camino al hotel y antes del atardecer, decidimos tomar algunas fotos en lo alto de  la Serra do Cume donde encontramos las mejores vistas de la característica manta de trazos. Estos patchtwork fields están formados por la separación en bajos muros de piedra que se hacen en los prados para delimitar las zonas de pasto del ganado.

La ruta de paisajes por excelencia la descubrimos en la zona norte.  Comenzamos a la altura de Lajes hasta llegar a Biscoitos. Seguimos la línea de los acantilados que predominan en esa zona haciendo  paradas en todos los miradores que se cruzaron en nuestro camino. Desde ellos pudimos disfrutar del color turquesa del agua batida del mar al romper contra el escarpado terreno. Sin duda, uno de los paisajes más especiales. Pudimos conocer pequeños pueblos y sus tradiciones, como sus procesiones, que hicieron vibrar el coche con su tamborrada. También charlar con pescadores locales que tendían su caña hacia el agua aprovechando cualquier recoveco  en la roca.  Nos llamó la atención la demanda de la pesca submarina en la zona. Nos hicieron distinguir entre algunas especies. Cuando llegamos a Biscoitos encontramos una zona de viñas y producción de vino, con las particulares parcelas en las que encasillan las vides para protegerlas de la fuerza del aire. Otro de sus atractivos son sus piscinas naturales que ofrecen un baño de agua salada con vistas al océano.

La base de su gastronomía deriva de la amplia actividad ganadera en la isla. Destacan guisos y hamburguesas de una ternera de primera calidad. También su variedad de quesos jóvenes. Las tortas Dona Amelia son unos dulces típicos, de miel de caña, que nunca faltaron en la mesa. Un buen lugar para degustar marisco fresco es el pueblo marinero de San Mateus.

En la parte interior se esconden los recursos más llamativos de la isla. Dado su origen volcánico pudimos visitar la Gruta do Natal, una cueva en la que se celebra misa cada año por Navidad, de ahí el origen de su nombre. Sus 700 metros de longitud tienen forma de túnel, ya que fué un tubo de lava. Curiosa de visitar, pero lo mejor aún nos esperaba. Una vez al aire libre llegamos a las Furnas de Enxofre, claro ejemplo de la viva actividad volcánica de la zona. El ambiente ofrecía un intenso olor a azufre pero aun así pudimos dar un agradable paseo viendo cómo se desprenden vapores del interior de la tierra.  Merece la pena vivirlo y dedicar un momento a observar el paisaje disfrutando del silencio que regala.  Con expectación y ganas volvimos a estar bajo tierra para sorprendernos en una de las pocas chimeneas volcánicas que se pueden visitar en el mundo. El Algar do Carvao es un sitio especial. Sus paredes, moldeadas por la fuerza de la lava con el propósito de salir al exterior, aún desprenden energía.

Descendimos unos 80 metros en forma de escalones para ver su profundidad. En el fondo se ha formado una laguna por las gotas de la lluvia que se cuelan haciendo posible que las paredes del cono volcánico estén tapizadas por una densa vegetación. Estar dentro de un volcán impresiona, sin duda una experiencia imprescindible en Terceira. A escasos paso de su entrada comienza la ruta de senderismo Misterios Negros. Es circular y sin duda la que más nos gustó.

Para conocerlo recomendamos comprar una entrada combinada que permite el acceso al Algar Do Carvao y la Gruta do Natal. Tiene un importe de 8€ y se puede adquirir en cualquiera de las taquillas que hay en sus accesos. La entrada a las Furnas es libre.

Nos quedaba por conocer la parte oeste. Encontramos unos paisajes con una vegetación más densa que contrasta con los pastos del interior. Destacamos los miradores Ponta do Raminho y Ponta do Queimao donde pudimos ver a lo lejos la cercana isla de San Jorge cuando el mar de nubes lo permitía. Subimos a lo alto de la Sierra de Santa Bárbara donde el viento acompaño a unas vistas panorámicas del litoral y su ciudad homónima. Desde este punto, si el cielo está despejado, se puede ver gran parte de la isla.

Nos alojamos en el Hotel do Caracol, cerca de la capital. Sus habitaciones nos resultaron acogedoras, al igual que su personal. Se sitúa frente al mar y regala unas bonitas vistas. Tiene club de buceo e instalaciones deportivas completas, muy recomendable para deportistas. Otro extra es que cuenta con una agradable piscina climatizada, de la que disfrutamos después de nuestras jornadas de excursión y una exterior con vista infinita. También visitamos otras opciones de alojamiento mejor ubicadas en el centro de la ciudad. Muy diferentes entre sí, pero ambas con encanto. El Happy Globo Hostel está muy cerca de la Plaza del Ayuntamiento. Ofrece un simpático ambiente juvenil totalmente  renovado y moderno. Sus áreas comunes están pensadas al detalle para compartir tiempo con los demás huéspedes. Las habitaciones múltiples son sencillas pero cuentan con lo necesario, encontramos el cuarto de baño privado con un tamaño un poco reducido. Complementariamente hay baños compartidos. También ofrece habitaciones individuales, con una gran relación calidad-precio. Con un estilo muy diferente, sofisticado, se ubicada en el puerto el Hotel Angra Marina. Un elegante cinco estrellas con habitaciones amplias y llamativas vistas al océano y  fuertes de la ciudad.

AGRADECIMIENTOS

 

 

Agradecer a Portugaltours la invitación y el hacer posible este viaje. Una oportunidad única de conocer el destino de la mano de nuestro guía local Nuno y con la dedicación y cariño de Mónica.

A todos los hoteles que nos han abierto sus puertas para conocer sus instalaciones y personal de primera mano. Gracias por acogernos y mostrarnos vuestro trabajo. En especial al Hotel do Caracol por hacer tan agradable nuestra estancia y  a su director Joaquim de Sousa por cuidar cada detalle.

A Nagore, Nacho, Jesús, Alba, Stefano, Estela, Rafa, Mónica, Graciela y todos los demás compañeros de viaje por hacerme vivir el destino con una sonrisa.

Regresamos a Madrid con la sensación de haber conocido un destino diferente. Felices de haber podido empaparnos de la tranquilidad, los paisajes, el silencio, la gente local y la gastronomia. Un destino muy recomendable para alternar turismo activo de actividades como buceo o senderismo con visitas culturales a su capital de estilo colonial y pueblecitos pesqueros. Además es un destino con precios más que razonables que se ajusta de manera asequible a todos los bolsillos. Sin duda guardamos un bonito recuerdo en nuestro albúm viajero y la intención de conocer las demás islas del archipielago de las Azores

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