CARIBE EN ESTADO PURO

Recién aterrizados de nuestro último viaje por aguas caribeñas llegamos a casa con una sonrisa  y el recuerdo de un destino especial, las Antillas. Formadas por estados insulares independientes ofrecen al viajero un ambiente acogedor lleno de color e impresionantes contrastes en sus paisajes. Cada una de ellas cuenta con un idioma oficial diferente, pero la mayoría de la población domina el inglés. Además en ellas residen muchos dominicanos, atraídos por la cercanía y las oportunidades de trabajo que ofrece el turismo, por lo que no tendrás problema en comunicarte en castellano. La moneda oficial de la zona es el dólar del Caribe oriental pero la gente local acepta euros o dólares, el modo de pago más común entre los visitantes.

Llegamos a Santo Domingo y embarcamos hacia St.Kitts & Nevis

Nos embarcamos en nuestra aventura en el puerto de Santo Domingo y pusimos rumbo a hacia St. Kitts and Nevis. A primera hora de la mañana llegamos a Port Zante desde donde se puede llegar caminando al centro de Basseterre, capital del país. Algunos barcos de cruceros como los de Pullmantur llegan a una terminal secundaria donde coger un taxi al centro que tarda cinco minutos y cuesta unos 2$ por persona. Una vez en el centro de la vibrante ciudad pudimos disfrutar de un ambiente caluroso y relajado adornado por coloridos edificios.

Visitamos la plaza de la independencia, centro social y comercial de la urbe organizado en torno a un jardín donde los residentes disfrutaban de un almuerzo tipo picnic. En ella encontramos la Catedral de la Inmaculada Concepción donde un vistoso lagarto de un verde intenso nos dio la bienvenida trepando ajeno por su fachada. Nos resulto curioso el suelo de baldosas y los numerosos ventiladores repartidos por las naves.

Seguimos nuestro paseo caminando por las calles donde encontramos improvisados puestos de frutas y verduras detrás de la sonrisa de la gente local para llegar a la Plaza de la Torre del Reloj. En ella se encuentra el Banco Central donde conseguimos un buen tipo de cambio. Muy cerca ubicamos el Museo Nacional. El centro de la ciudad es pequeño pero invita a pasear al pausado ritmo caribeño y descubrir sus rincones. Alguno de los detalles que más llamó nuestra atención fue que las iglesias de la ciudad contaran con conexión wifi o que el edificio de la cárcel se encontraba totalmente integrado entre viviendas y comercios en una de las calles principales de la ciudad. Apremiados por el calor cogimos un taxi para dirigirnos a Frigate Bay a refrescarnos en sus aguas turquesas. Las distancias son cortas, en los diez minutos que duró el trayecto contemplamos  paisajes de densa vegetación tropical entre los que asomaban grandes casas de estilo colonial mientras nuestro conductor nos contaba como es la vida local.

Dispusimos de la playa prácticamente para nosotros. Su mayor encanto es el poder apreciar el contraste de la arena dorada con un fondo de verde vegetación.. Llegó la hora de comer y encargamos comida típica en un pequeño kiosko de madera con vistas al mar .

Pies en la arena y una cerveza bien fría en mano repusimos fuerzas y nos refugiamos del intenso sol. Pasamos una tarde relajada de playa divirtiéndonos con el entorno y un paseo en moto de agua. Justo al anochecer embarcamos para poner rumbo a nuestro siguiente destino.

Nuestra segunda jornada comenzó en el puerto de Guadalupe

Sobre las seis de la mañana nos despertamos con el sol inquietos por conocer Guadalupe, archipiélago caribeño francés entre el que destacan dos islas principales: Grande Terre y  Basse Terre. Nos resultó muy sencillo movernos por ambas ya que se encuentran separadas por un estrecho canal que permite comunicarlas por puentes. Al ser territorio de la Unión Europea la moneda es el Euro y resulta curioso poder usar tus datos móviles sin coste adicional.

Nos sorprendió que la gente en Guadaloupe no tuviera ese carácter acogedor y amable caribeño típico de la zona, a pesar de la corta distancia con otras islas el contraste es notable.

Una vez pisamos tierra firme una banda de música local nos recibía con un ritmo alegre en la terminal del puerto desde la que fuimos andando para conocer el centro de la capital,  Pointe a Pitre. Su centro no es muy grande e invertimos como una hora en pasear por sus calles, que tienen un antiguo ambiente colonial.

Lo que más nos gustó fueron sus mercados. En el puerto pudimos ver como pescadores locales llegaban con sus barcas a descargar pescado fresco a la lonja. En la Plaza del Mercado encontramos un vibrante mercadillo donde compraba la gente local.

Decidimos que era un buen sitio para llevarnos de recuerdo productos típicos como especias, té o licores de la región. Observamos que había muchos puestos donde se vendían telas con los típicos estampados criollos, a cuadros y con colores vivos. Su cultura es comprar los tejidos y confeccionar su propia moda. No dejamos de visitar la Iglesia de San Pedro y San Pablo ya que nos resultó muy curiosa su estructura totalmente metálica que reemplaza a la original, de madera, destruida por un terremoto.

Dejamos atras la ciudad para cruzar de isla hacia Basse-Terre a descubrir sus paisajes volcánicos y sus panorámicas de selvas tropicales que forman un Parque Natural. Encontramos una zona perfecta para hacer senderismo y así conocer las cascadas que esconde tras el follaje. Cuenta con numerosas rutas, muchas de ellas sencillas y bien señalizadas. De nuevo nos pusimos en camino para ir a comer frente al mar y no perdernos el espectáculo de azules que ofrece la playa de Santa Ana. Una playa salvaje donde las palmeras y la vegetación se distribuyen a su antojo. Uno de sus visitantes más singulares son las iguanas, puedes encontrarlas caminando por la arena o tomando el sol en lo alto de un cocotero. La gente local pone unos caseros puestos de comida y ofrece snaks o pescado a la parrilla a precios muy económicos. Una vez con el estomago lleno invertimos la tarde en disfrutar haciendo snorkel y las transparentes aguas nos regalaron postales con pequeños peces y erizos de mar.

Las distancias en la isla son grandes asique regresamos con tiempo al barco, cansados pero llenos de energía al mismo tiempo. Una vez a bordo nos tomamos un merecido descanso con sabor a mojito y grandes expectativas e ilusión al saber que a la mañana siguiente llegaríamos a Antigua y Barbuda, donde coleccionar nuevas experiencias para nuestro viaje.

SIGUE EL FINAL DE NUESTRA AVENTURA EN DESCUBRIENDO LAS ANTILLAS II

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